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Palabras en la apertura
Mujeres x Jujuy
Miércoles 7 de diciembre de 2005
Las siguientes palabras fueron leidas por la compañera Ana Tournie, quien estuvo a cargo de la locucion del acto, al comienzo del recital del dìa lunes 18 de julio de 2005 en el teatro La Mascara.
Este encuentro, el que hoy nos convoca, es de algun modo un primer cierre de las actividades que viene desarrollando la Comisión previamente al objetivo del viaje a Libertador General San Martin, en la provincia de Jujuy. Una vez alli, como saben, participaremos de la Marcha del Apagon, tal como lo vinimos haciendo ininterrumpidamente desde hace 11 años.
Culminamos asi un periodo extenso, una etapa de mucho trabajo que arranca en marzo, donde transcurren reuniones interminables, contratiempos, busquedas, agradecimientos, sueños y tambien -porque negarlo- tenemos nuestras cuota natural de discusiones, algo que caracteriza a todas los hechos que se hacen desde el esfuerzo grupal y la pasion militante. Seguramente sin estas dos condiciones se hace dificil llegar a buen puerto.
Despues de la Marcha vendra una pausa de algunos dias, mas o menos breve, y luego volveremos a reunirnos para reflexionar colectivamente y sacar conclusiones que nos permitan mejorar nuestra practica y enmendar los errores.
Al poco tiempo retornamos al ruedo ya que la Comision no fue creada solo como un grupo de enlace para mediatizar la organización del viaje a Ledesma desde Buenos Aires.
Nuestra tarea no termina con el último estertor de las jornadas sobre el Apagón sino que acompaña y se identifica con los sectores del campo de los derechos humanos que no claudican en señalar a los dueños de la tierra, en acusarlos por sus crímenes, en denunciarlos por el envilecimiento del aire y la depredación de las Yungas y en recordar que sus fortunas y bienes se erigen sobre la sangre del indio, la del zafrero y la de todos los militantes populares que osaron oponérseles.
No cejamos en nuestras consignas, siguen siendo las mismas. Sin embargo, este año difiere, y en mucho, de los anteriores. Este será el primer año donde no estará entre nosotros, al menos físicamente, esa mujer enorme que fue Olga Márquez de Aredez.
Extraña parábola la de Olga: murió con su salud agravada por la misma enfermedad que su esposo Luis denunciara hace cuarenta años y por la que se ganó el odio del Ingenio: la bagazosis, un mal implacable que entumece los pulmones al inhalar los deshechos del bagazo de la caña de azúcar.
Pensando en Olga y tal vez con la secreta esperanza de aligerar la pena de su ausencia, quería leerles algunos fragmentos de este poema de Bertolt Brecht, se titula “A los hombres futuros” y dice así
“verdaderamente, vivo en tiempos sombríos suena insensata la palabra ingenua. El que ríe es que no ha oído aún la noticia terrible
¡qué tiempos éstos en que hablar sobre un árbol es casi un crimen porque supone callar sobre tantas alevosías! Me dicen: come y bebe, goza de lo que tienes Pero ¿cómo puedo comer y beber si al hambriento le quito lo que como y mi vaso de agua le hace falta al sediento? Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos
Llegué a las ciudades en tiempos de desorden cuando el hambre reinaba Me mezclé entre los hombres en tiempo de rebeldías y me rebelé con ellos Así pasé el tiempo que me fue concedido en la tierra
Mi pan lo comí entre batalla y batalla Entre los asesinos dormí Contemplé la naturaleza con impaciencia Así pasé el tiempo que me fue concedido en la tierra
En mis tiempos las calles desembocaban en pantanos La palabra era traicionada por el verdugo Poco podía yo Y los poderosos se sentían más tranquilos sin mí Lo sabía
Escasas eran las fuerzas La meta estaba muy lejos aún Ustedes, que surgieron del marasmo Piensen también en los tiempos sombríos
La ira contra la injusticia puso ronca mi voz Así pasé el tiempo que me fue concedido en la tierra”
Sabemos que Bertolt Brecht no conoció a Olga pero estos párrafos prueban que cuando un artista es sensible a la época que le toca vivir, sus palabras encuentran a las personas que las representan y las encarnan. Son esos seres imprescindibles como Olga Aredez quien, aún en medio de la soledad, no calló jamás en tiempos sombríos demostrando además que nunca habrá sido en vano el tiempo que le fue concedido en la tierra.
Y los que la conocimos podemos dar testimonio de ello.
Gracias por acompañarnos.

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